Título original francês: L’ÉSOTÉRISME, Presses Universitaires de France, París, 1965
Trad. por FRANCISCO GARCIA BAZAN, Editorial Nova, Buenos Aires, 1967
LOS TEÓSOFOS
Aunque la Reforma haya estado muy alejada de todo esoterismo, respondía indirectamente y de forma “funcional” a algunas aspiraciones de esta especie. Esto explica que haya podido haber lugar, sobre todo en sus comienzos, a personalidades tan excepcionales como Jacobo Boehme.
Este surgió corno un verdadero inspirado, dotado del don de lenguas en un medio de médicos alquimistas y de astrólogos, herederos de Paracelso, que vivían algo al margen de las reformas oficiales. Su vocabulario es el del hermetismo. Sólo él en Occidente conoce y utiliza con Gichtel la noción de los centros psíquicos del hombre. Con Eckhart habla del nacimiento eterno del Hijo y de la deificación por el Verbo. De ahí su Urngrund, su "Sin-Fundamento" indeterminado, correspondiente al No-Ser metafísico. Pertenece a esta línea de pensadores que, frente a la inmutabilidad de la lógica escolástica, exaltan el desarrollo metódico de la Sabiduría interior, noción que se reencuentra con el de la Sophia ortodoxa, como le gustaba decir a N. Berdiaeff.
Cómo y por que la Divinidad llega a ser creadora, es lo que Boehme trata de decir en su lenguaje. Lo dice con dificultad, pues para el creador es el Mysterium Magnum, el gran misterio. Como es un inspirado, ve brotar todas las hipóstasis del "Sin-Fundamento" porque este “Insondable” es libertad absoluta o, como dirían Leibniz y Guénon, Posibilidad Universal. Jacobo Boehme, como los metafísicos alemanes, acentúa el carácter de la fecundidad activa de lo posible, cuya primera hipóstasis es, según hemos visto, la Sabiduría. La naturaleza de ésta es dual, imagen y semejanza de la Divinidad en sí y de la Divinidad en el hombre. Posee la naturaleza andrógina que le había reconocido la cosmología hermética. La oposición de los contrarios señala a toda creación en quien se encuentran los “indicios” diferentes de las cosas que el hombre reúne en sí. Por la Sabiduría y las formas, el hombre es la imagen del mundo, y una imagen de Dios. El espíritu de Eckhart, heredado por Boehme, ha inspirado también el lirismo de Angelus Silesius, relacionado con Frankenberg, amigo, editor y biógrafo de Jacobo Boehme. Su vía es la del amor y su expresión la lengua de los poetas. En sus versos gusta de exaltar las cualidades contradictorias en fórmulas abruptas. “Dios nada puede sin él”. “Dios es pura nada”, “Yo soy como Dios y Dios es como yo”, antítesis fáciles en apariencia, pero grávidas de sentido que son resonancia del espíritu boehmiano, cuya larga descendencia llegará hasta los románticos.